En el rediseño decidimos conservar uno de los rasgos más característicos de la marca: la verticalidad, manteniéndola como elemento estructural y reconocible dentro de la nueva propuesta. Sin embargo, detectamos que en el diseño anterior el uso de las letras A y E generaba cierta confusión, por lo que establecimos un código claro y coherente: los vinos blancos se identifican con la letra E, el vino tinto con la letra V y el vino rosado con la letra A. De esta forma conseguimos unificar toda la gama y, al mismo tiempo, construir visualmente la palabra EVA a través de sus distintas variedades.
Para no desorientar al consumidor habitual, se mantuvieron los colores originales de cada vino. El diseño continúa combinando el blanco como color principal con un color secundario vinculado al tono de la botella, trabajado mediante un pseudo-troquel que aporta profundidad y refuerza la identidad visual.